60 años se cumplen del rodaje de la película Doctor Zhivago en la entonces estación de Delicias, que hoy alberga al Museo del Ferrocarril.
La exposición lleva el nombre de “Estación Zhivago”.
El Museo del Ferrocarril vuelve a ser testigo de la Historia universal celebrando el rodaje de Dr Zhivago en la antigua estación de Delicias de Madrid hoy hace ya 60 años, con una exposición fotográfica en gran formato del 9 de julio al 28 de octubre dedicada a la película Doctor Zhivago.
La muestra, que rinde homenaje a la película que convirtió Delicias en estación moscovita en el verano de 1965, cuenta con fotografías, imágenes, documentos publicitarios y recortes de prensa de la época. Pero la verdadera protagonista es la estación. El embrujo que poseen espacios como este en sí mismos, a medio camino entre la funcionalidad y la nostalgia, se multiplica por la hábil conservación y disposición de materiales pensados precisamente para propiciar el ensoñamiento. Así, el visitante puede acariciar los lomos de una locomotora de vapor Porter adquirida en 1877, contemplar y tocar vagonetas de tracción manual, o admirar la evolución de la técnica ferroviaria en la locomotora diésel-eléctrica estadounidense Marilyn, que llegó de pruebas a España en 1954.
Podremos ver la locomotora de vapor “La Tardienta” de 1862, la locomotora de vapor número 1 más antigua que conserva el Museo del Ferrocarril de Madrid y las imágenes de esos actores y actrices tan entrañables como Omar Shariff, Julie Christie o Geraldine Chaplin que tantas emociones nos transmitieron con esta histórica película rodada totalmente en España.
Es curioso que uno de los giros narrativos más deslumbrantes de la historia tiene como protagonista un tren. La película Doctor Zhivago, realizada por David Lean a partir de la novela de Boris Pasternak, muestra el momento en que la utopía comunista, ese fantasma que llevaba tiempo recorriendo Europa, se encarna en un país concreto: la Rusia zarista. A mitad de su extenso metraje, sus protagonistas deben abandonar su satisfactoria vida burguesa en Moscú para huir hacia lo más profundo del país, allá por los Urales, hacia lo desconocido.
Por eso la escena quizá más impresionante sea aquella en que esperan, engullidos por una multitud desesperada, en la estación central de Moscú. Los viajeros van ataviados con la ropa de abrigo que demanda Rusia y, sobre todo, el frío siberiano que les espera. Sin embargo, la temperatura real pasaba de los 30 grados. El director gritaba «corten» y la estación pasaba a llamarse Delicias, en pleno corazón de Madrid. Era julio de 1965.
Estos días de exposición la Estación Delicias, con su inseparable Museo del Ferrocarril, queda irremediable y maravillosamente impregnada de la magia de Doctor Zhivago: desde la misma entrada se impone, sugerente, la magnífica banda sonora de la película, magnífica de principio a fin… y absolutamente sublime cuando aparece esa inconfundible melodía de la balalaica que nos transporta a los momentos más emocionantes de la película.

